
Los monumentos del arte prerrománico asturiano que han llegado a nuestros días son sólo una pequeña parte del conjunto de edificaciones levantadas del siglo VIII al X. El aislamiento de Asturias junto con el uso mayoritario y permanente de estos edificios como iglesias de culto posibilitó, entre otros factores, su conservación. Aún así, estas bellas construcciones corrieron numerosos riesgos a lo largo de la historia.
Las distintas reformas y restauraciones deficientes y las reconstrucciones arbitrarias han supuesto una amenaza constante para la integridad y pureza de las arquitecturas. Por otro lado, los sucesos revolucionarios de 1934 y la posterior guerra civil de 1936 a 1939, dieron como resultado la destrucción de varios edificios y pusieron a otros en grave peligro.
La UNESCO ha declarado en 1985 “Patrimonio Mundial” a los principales monumentos de este arte, pero es necesario persistir en la protección global de todos ellos, ya que se trata de un impresionante conjunto monumental que ha sobrevivido al paso del tiempo y que es un testimonio valioso e insustituible de las artes del occidente altomedieval. Debemos, por tanto, tomar conciencia del valor de este rico patrimonio artístico y luchar activamente a favor de su defensa y conservación.
