Etapa 3

Ramiro I, sucesor de Alfonso II, será un promotor arquitectónico de primer orden. De su reinado conservamos testimonios tan importantes como el palacio de Santa María del Naranco o la iglesia de San Miguel de Liño o Lillo, ambas en la ladera del Monte Naranco en Oviedo y lugar en el que nos encontramos en estos momentos.

Construido a mediados del s. IX con piedra y argamasa, el palacio de Santa María de Naranco es el edificio más significativo de esta etapa y de todo el Arte de la Monarquía Asturiana, por tratarse de uno de los pocos edificios civiles de la Europa altomedieval. Es una construcción de considerable altura, formada por dos pisos rectangulares superpuestos y cubiertos por bóveda de cañón sujeta a su vez por arcos fajones, un elemento innovador e introducido, por vez primera en esta época, en la arquitectura asturiana. El piso inferior o cripta está flanqueado por dos habitaciones, y el superior, al que se asciende por un pórtico de doble escalera, por miradores que dan singularidad al edificio. Éstos se abren al exterior en las fachadas menores mediante grandes ventanales de tres arcos peraltados sobre columnas.

El peso de las bóvedas de este palacio es recogido al exterior por contrafuertes, y en el interior, por las columnas del piso principal sujetando, a su vez, una arquería ciega adosada a los muros y que crea un efecto visual de mayor profundidad al espacio.

Destaca la decoración escultórica concentrada en la planta noble: columnas sogueadas, medallones y bandas decoradas con figuras humanas, animales y demás motivos provenientes de pinturas, tejidos y obras de orfebrería bizantinas, confiriendo una gran unidad artística entre construcción y ornamentación.

Parte de este conjunto palaciego de Ramiro I es la Iglesia de San Miguel de Liño o Lillo, muy próxima al palacio y de la que hoy día solamente se conserva una tercera parte: la zona de ingreso al templo y el primer tramo del cuerpo de naves. Gran parte del edificio se derrumbó en el s. XI y hubo diversas reconstrucciones dando como resultado su actual aspecto. Así, la actual cabecera nada tiene que ver con la original. Desde el pórtico de entrada se llega a dos pequeñas cámaras de acceso a la tribuna real, espacio que permitía a los monarcas presenciar el culto, separado del resto de los fieles, a los que canceles y otros cerramientos impedían la visión durante gran parte de la ceremonia.

La traza originaria responde a las características típicas de las iglesias asturianas de esta época, con varios elementos a destacar, como el uso de columnas en vez de pilares para la separación entre naves, algo único en esta iglesia; y el uso de la bóveda de cañón para la cubrición de todos los espacios, utilizando un sistema de contrarrestos singular en fecha tan temprana. Y es que se realiza una combinación entre la bóveda de la nave central, de mayor altura que las laterales y la disposición de las bóvedas de las últimas en sentido transversal a la central.

De las numerosas celosías que tuvo la iglesia sólo se conservan tres de gran interés artístico. En la rica decoración escultórica de las basas y capiteles de las columnas y de las jambas de la puerta de acceso, se puede apreciar una de las escasas muestras europeas de escenas no religiosas en un templo palatino altomedieval. También son de altísimo interés las pinturas murales, donde por primera vez aparece la figura humana en un fresco.

En el concejo de Lena se encuentra la iglesia de Santa Cristina. Por su estilo se atribuye a la etapa ramirense, aunque más bien correspondería a su hijo Ordoño I. La iglesia está formada por una única nave central a la que se adosan cuatro dependencias cuadrangulares en sus lados, todas ellas abovedadas al igual de la central formando una organización única en la arquitectura prerrománica asturiana.

Cabe destacar la tribuna y el presbiterio, elevados ambos respecto a la nave central. Resulta impresionante y de singular belleza el iconostasis de separación de los fieles y el presbiterio, que es de factura mozárabe del S. X aunque con elementos visigodos reaprovechados. La decoración escultórica es similar a la de Santa María de Naranco, aunque de peor calidad.

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